el vagón (I)

Publicado: 07-enero-2006 en General
Las gotas de lluvia se deslizaban por el cristal distorsionando los neones multicolor de la ciudad. Fuera llovía como no lo habia hecho en decadas. Cosas del cambio climatico.

gotas de lluvia en el cristal del vagón Apoyado en el respaldo de mi asiento miraba a traves de la ventana pero no veia nada especial, solo el infinito. Quiza fuera que ya no había nada especial que atrajera mi atención o quizá fueran los efectos psicotropicos de las drogas y el alcohol.

Otro monorail se cruzó de repente y las luces de sus vagones, como si de flases se trataran me hicieron cerrar los ojos.

Fuera llovía como no lo habia hecho en decadas. Lo notaba aun con los ojos cerrados. Se estaba bien. Podría haberme quedado allí toda la vida, pero un par de costillas rotas me dijeron un par de veces que los vigilantes del tren no les gustaba la idea.

Lentamente abrí los ojos y por un momento miré a mi alrededor. Había poca gente en el vagón. Normal a esas horas de la noche. La gente decente estaria ya en sus casas con sus parejas, sus hijos, viendo cualquier reality, simulando ser felices. Y quizá alguno realmente lo fuera.

Un poco mas adelante un pareja se besaban y se metian mano apasionadamente. ¿Estarian buscando ellos la felicidad?

Mientras tanto, afuera llovía como no lo habia hecho en decadas.


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comentarios
  1. Fco Jesús dice:

    Daba igual. La felicidad es tan efímera como la parafina de una vela encendida. Se va deshaciendo con su propio calor hasta que desaparece y se consume. Al final no queda nada. Afuera llovía como no lo había hecho en décadas, y con cada gota que resbalaba sobre el cristal el peso del revólver me gritaba entre los dedos. Lo sopesé. Siempre me gustaba esa sensación, por mucho que lloviera fuera. Me levanté con una punzada de dolor en mi costillar, y avancé pesadamente hacia la pareja. Pum, pum, cada paso que daba, pum, pum, cada gota sobre el cristal, pum, pum, cada latido de mi enfermo corazón, me decían que esta noche no acabaría igual. No sé si me ignoraron o si simplemente no me vieron venir. Daba igual. Por mucho que lloviera fuera como no lo había hecho en décadas, las gotas de sangre permanecerían sobre el cristal, junto con los sesos desparamados de los amantes.

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