el vagón (II)

Publicado: 11-enero-2006 en General
Fuera llovía como no lo habia hecho en decadas. Y yo me había dejado el paraguas en algun lugar.

Dirigiendome a una de las salidas me ajusté lo que pude mi vieja gabardina notando en el costado el, aun caliente, cañon del revolver.

Nadie habia oido nada, nadie habia visto nada. Dos mendigos dormitaban en asientos diferentes casi al otro lado del vagón. Ni se inmutaron. Si vieron algo no lo demostraron. Mejor para ellos, asi podrian seguir intertando ser felices.

A través de los empañados cristales se veian las gotas de lluvia estrellarse, salpicando en mil pedazos. Todavía me pregunto que hacia esa pareja ahí, esperandome. El caso es que yo sabía que estarian ahí. ¿Quizá ahora hayan encontrado la felicidad? ¿Me podría considerar a mi mismo una herramienta para alcanzarla? ¿Tendria que sentirme feliz por ello?

cabina bajo la lluviaLas puertas se abrieron y la lluvia me hizo cerrar los ojos. Dios! Afuera realmente llovia como no lo había hecho nunca! Levante las solapas de la gabardina y encogiendo los hombros salí del vagón, tranquilamente, sin prisa alguna.

Mire a un lado y a otro del anden. Solo una rota camara de vigilancía me parecia observar mientras el viento la balanceba como a un muñeco ahorcado.

Lluvia. No se cansaba de llover. Empezó a llover hacía tres días y todavía no habia parado. Y tampoco habia indicios de que lo fuera a dejar en otros tantos.

Había una cabina de telefono en una columna del anden. Me acerque a ella, le introduje 25 centimos y marque un numero.

Sono dos veces… tres… cuatro… y alguien descolgó.

– Ya he vacunado al gato. Tambien tuve que vacunar a una gatita que se habia hecho su amiga. Hay que evitar malas enfermedades.

Colgué el telefono y me dirigí a la salida. 

Entonces dejó de llover.


 

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comentarios
  1. Fco Jesús dice:

    Puede que al fin y al cabo no sea tan mal día. Entré en un bar, y me senté en la barra. El bar estaba desierto, a excepción de un tipo que bebía whisky al otro extremo de la barra. El camarero tenía cara de estar deseando que ocurriera algo. Pero no vino. – ¡Eh! ¡Tú! Un bloody Marie. – No tengo de eso. Miré al botellero de enfrente. Allí estaba el vodka. – ¿Tienes zumo de tomate? – Claro, amigo Se dirigió hacia la nevera justo enfrente de mi. Tenía una sonrisa bobalicona. Este tipo no me va a joder el día. ¡NO ME VAS A JODER! Cuando se agachó a por el zumo le agarré la cabeza por detrás, y se la estampé contra la barra y Salté por encima. Ya me lo sirvo yo mismo, le dije mientras le pateaba la cara un par de veces. No, no está siendo un mal día. El tipo del final de la barra me miraba con cara de pez. – ¿Y TÚ QUE QUIERES? – Un ron cola. Se lo puse. Le lancé el vaso por la barra, hasta que cayó al suelo. Le puse otro. Hasta la cuarta no conseguí que la copa llegase al final de la barra. Lo engulló de un trago y se acercó.

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