Esos peligrosos juegos de rol…

ESOS PELIGROSOS JUEGOS DE ROL

y ese inofensivo mundo del fútbol

Lamento no contaros las memorias de nuestro Freaky, pero recientes informativos del nodo, digo la 1, han demostrado lo peligroso que puede llegar a ser un par de dados de diez caras…

Tengo un amigo que se preocupa por mí, pero con total sinceridad, el pobre es un tipo muy bien intencionado y con una ejemplar conducta convenientemente socializada. Este amigo mío, que si se pierde los nodos de Urdaci, es porque estaba viendo los de Antena 3, vino a mí escandalizado.

-El otro día estuve en tu casa, tú no estabas, y vi algo que me tiene francamente preocupado- se dirigió a mí con su paternal mano sobre mi hombro.
-¿Qué viste?
-No te hagas el tonto. Lo he visto.

Me miró fijamente, esperando una confesión. La seriedad de su semblante era mayor a la que me había tenido que acostumbrar desde que se dejó el bigote y se peinó el flequillo hacia la derecha. Más incómodo por el silencio y, por qué no, por el hecho de que me estén clavando la mirada sin pestañear durante más tiempo de lo que aconsejaría cualquier oculista, insistí.

-En serio, ¿Qué coño viste?
-Un juego de rol, lo he visto, se te había olvidado guardarlo. Estaba sobre la mesa.
-Era eso -evité reírme en ese momento porque veía venir por dónde iban los tiros- te refieres a mi juego de rol.
-Sé sincero, ¿Tú juegas al rol?
-Sí, yo juego.
-¿y lo saben en tu casa?
-Lo intuyen.
-Tienes que dejarlo ya. ¿Has visto la tele?

En ese momento me vino a la cabeza aquella noticia que estuvo pululando por ciertos canales de desinformación. Unos depravados habían intentado cortarle en dedo a una chiquilla, en la noticia llegaban a decir que los sospechosos jugaban al rol en lugares ocultos y que aquel acto vandálico era parte del juego de rol, una especie de trofeo.

-Lo cierto es que cada vez veo menos la tele, está llena de basura.
-Yo sólo veo los documentales de la dos -sí, claro- y los telediarios para mantenerme informado.
-Pues si lo que quieres es informarte, olvida los telediarios, los periodistas de hoy en día no están al servicio de la información, sino al de la manipulación.
-Exageras.
-¿Quieres estar informado de lo que es un juego de rol? Pues no te voy a pedir que te leas un libro, te voy a invitar a casa de unos amigos y, si quieres, juegas con nosotros o simplemente observa.
-De acuerdo -me respondió desconfiado- pero que conste que unos amigos míos que tengo sabrán en todo momento en dónde me encuentro.

Llegó el día de la partida. Ahí estaban mis amigos, sentados alrededor de una mesa, con una taza de té enfrente de ellos y unas galletas. Le sonrieron.

-¿Quieres jugar? -Dijo Vito, el director de juego- puedo darte un personaje predefinido…
-No, gracias, sólo estoy aquí para observar.
-Como quieras, mira te presentaré la peña, éste de aquí es Goyo, llevará un mercenario en la Tierra Media; este otro se llama Sergio y hará de un elfo mago; Pedro, el que está a mi derecha, tendrá un elfo que es un noble; Luis, el que ves con un escudo del Sevilla, hará de jinete de Rockham; Germán será un montaraz y yo, un corsario.

La respuesta de mi amigo fue un gesto de desconfianza.
La tarde fue lo que cualquier rolero ya sabe, una partida de personajes se enfrenta a una serie de problemas propuestos por el director del juego; los dados y nuestra imaginación actuando en equipo, consiguen, al menos, pasar una agradable tarde sentados alrededor de una mesa, hablando, riendo y compartiendo alguna cervecilla o algunas patatitas.

A la salida le pregunté.
-¿Te parecemos peligrosos?
-No, por ahora no, pero eso no me parece muy normal. Es decir, os ponéis a decir que matáis a gente y les cortáis la cabeza. De ahí a hacerlo, no sé qué queda…
-¿Qué es lo normal para ti?
-Pues, no sé, el fútbol, por ejemplo. Tú tendrías que venir un día conmigo al campo. Mira por dónde, esta semana viene el mejor equipo del mundo a jugar, yo tengo unos amiguetes que son de ahí, vente y verás lo que es pasarlo bien.

Dada la buena intención que había puesto mi amigo, opté por acompañarle.
Llegado el día, me encontré primero que había que pagar la entrada, 20 euros la más barata. Empezamos bien.
Mi amigo se acercó a unas quince personas, todas con la cabeza rapada, bufandas con hachas, banderas con esvásticas y camisetas del Real Madrid. Tras una serie de saludos y botes de rigor cantando “este partido, lo vamos a ganar”, se percataron de mi presencia.
-¿Quién es ése?
-Es un colega que nunca ha ido al fútbol.
-No será maricón.
Saludé cordialmente con la mano y la más inofensiva sonrisa que podía mostrar, sin enseñar los dientes, claro, para no mostrar signo alguno de amenaza.

Subimos al estadio y, tras unos empujones, apretones, nos situamos en el centro de una barrera policial, en un limitado espacio en el que juraría que no cabría físicamente la gente que allí había.

Comenzó el partido.

Tras unos minutos de rigor, con peloteo de una a otra parte, un delantero corre con la pelota, le da un codazo a un defensa y se escapa por velocidad hasta que un defensa le pega una patada en la rodilla. El delantero llora en el césped. Los amigos de mi amigo gritan cosas ininteligibles. Alzan las manos violentamente, en una ocasión recibo un golpe en la oreja. Los policías empiezan a mirar nuestra zona porque, no sé cómo, parece que alguien ha hecho una hoguera o algo así por delante.
Los defensas de un equipo están a punto de liarse a tortas con los delanteros del otro.

-Árbitro cabrón, hijo de puta. -grita mi amigo.
-Habría que rajarle el cuello -responde su amigo.
-Ya nos desquitaremos -grita el gigante que está detrás mío y que me da mucho miedo.
El partido continúa. No ha pasado gran cosa. Llega el descanso y cada uno saca un bocadillo y todavía no han terminado de comérselo cuando comienza la parte final.
Hay más de lo mismo. Un jugador de un equipo se escapa de dos tipos con unos regates.

-Ese tío no tiene que llegar al área, rómpele la pierna, hijo de puta.
Dice el que está detrás mío, en todo este tiempo, cada vez que ha dicho “hijo de puta” me ha decorado la nuca con deliciosas migas con saliva. No me giro a decirle nada porque en estos momentos estoy muy ocupado en que no me dé un infarto.

Finalmente, un defensa se tira para hacerle daño en la pierna al de los regates y éste cae y se lo tienen que llevar en camilla. En fin.
En una jugada que no pude ver muy bien porque sucedió en el otro lado del campo, alguien mete un gol, sí veo que lo celebra haciendo el corte de manga y tocándose los genitales. Me doy cuenta de que ese tipo sale en anuncios de la tele que mi sobrina de once años tiene un póster suyo colgado en la pared y mi sobrino pidió su camiseta para su cumpleaños.

El de atrás, en vez de alegrarse de que su equipo hubiera metido un gol, grita con un tono preocupantemente enfadado, con su cuello lleno de venas hinchadas, la cara colorada, la boca desencajada y una mirada que asustaría al pit bull de mi vecino.

-Gooooooool. Chupádmela cabroneeeeeeeeeeees.
Gracias a Dios, termina el partido. Los amigos de mis amigos van a ir a celebrarlo a una plaza y a “cascar a la morralla”.
-¿Te ha gustado? -me pregunta mi amigo que no parece haberse dado cuenta de nada.
-Bueno… Esto no me parece muy normal. Es decir, os ponéis a decir que matáis a gente y que les rajáis los cuellos. Entiendo porqué el fútbol provoca más muertes y actos de vandalismo en un año que el rol en diez, lo que no entiendo por qué los servicios de desinformación fomentan esta masificación irreflexiva de personas.
-¿Tú has seguido la trayectoria de un equipo, con sus goles, su posición en la tabla, sus triunfos?
-No.
-Entonces ya entiendo por qué no te gusta el fútbol, no puedes comprender lo que es sentir como tuyas las alegrías del equipo al que le has cogido cariño…
-¿Y tú has leído alguna vez un libro por propia voluntad?
-No.
-Entonces ya entiendo por qué no te gusta el rol, no puedes comprender lo que es sentir como tuyas las aventuras de los héroes a los que les has cogido cariño…

por Francisco Corbacho

comentarios
  1. ridgarou dice:

    comentario de prueba

    • Kaeden dice:

      jajaja aun me acuerdo cuando jugaba al rol… jugamos durante muuuucho tiempo y me identifico totalmente con la historia… hace años ya… pero el mundo sigue igual para algunas cosas 😛

  2. Thros ironfield dice:

    me quito el sombrero XD En el fondo todos somos frikis… unos del futbol y otros de los juegos de mesa o del rol en vivo. Yo me decanto por lo segundo ^ – ^

  3. LordNieve dice:

    Esta bien, pero caes en una exageración del fútbol que espero que sea licencia poética. Y en el tópico de “o friki o deportista”. Yo juego al rol todos los sábados, y los domingos al fútbol.

  4. Aún recuerdo que un día mi antiguo jefe me preguntó al salir que adónde iba con tanta prisa. Le dije que había quedado y que por eso quería llegar pronto a casa.
    – ¿Con el novio o las amigas?
    – No, tengo un evento de rol que moderar y ya llego algo tarde.
    Su cara fue un mapa. No es que estuviera preocupado, es que estaba aterrado por la expresión que vi en su cara.
    – ¿Rol? ¿Pero eso no es peligroso, tus padres ya lo saben?

    Si me pagaran por cada vez que tengo que explicarle a una persona que el rol no es peligroso, que no se mata a nadie y que es más divertido y sano que ir de botellón, que ir a quemar containers en las manifestaciones, pintar “graffitis” (de tan feos que son, dudo que pueda llamarséles así, porque terminan dibujando símbolos y letras ininteligibles) o incluso ir a la discoteca para salir de allí agobiado, con diversos olores y a ver quién la taja más… No sé cuánta pasta habría ganado.
    Aun así, hay gente que no entiende que el rol es algo normal. Lo que no es normal es cómo acaban los partidos de fútbol, salir por ahí y beber hasta que vas arrastrándote por el suelo, acostarte con lo primero que pillas y encima sin protección alguna (que a saber qué tendrán), drogarse…

  5. milmundosblog dice:

    Bravo. Magnifico, voy a pasarselo a amigos roleros. Un gran texto. Felicidades.

  6. […] la magia que aportan a la vida de uno/a. El segundo, del blog Reflexiones intrascendentes, titulado Esos peligrosos juegos de rol y ese inofensivo mundo del futbol cuyo significativo título ya per se -a aquellos a los que nos gustan los juegos de rol, sea en […]

  7. Matías Vientonegro dice:

    En España tuvieron la mala suerte de usaran a los juegos de rol como chivo expiatorio, yo soy de Argentina y nadie piensa mal sobre ellos (ni siquiera los conocen), y si le hablas de rol a un profano sólo verás caras de sorpresa o curiosidad, no de miedo. En mi grupo hay 8 muchachos y 2 chicas, con las que acostumbramos a jugar rol toda la tarde para luego ir a ver alguna banda de rock mientras hacemos chistes acerca de estar en una taberna.

  8. BatOutOfHell dice:

    Bravo!!! Perfectamente descrita la realidad, para muchos, de lo que es un juego de rol… 🙂
    Y, ojo, también me gusta el fútbol, una cosa no quita la otra, pero la vorágine de la futbolitis que vivimos hoy en día, hace que que cada día se más indiferente al fútbol, y sea más adicto al rol.

  9. Una comparativa muy acertada. El fútbol tiene mucha violencia pero tú la has exagerado un tanto de más, ja ja.

  10. agramar dice:

    Buenisimo.
    Me lo llevo al blog como entrada invitada^^

  11. krinos dice:

    Que grande…. situaciones similares se me han dado… que buenas tardes pasabamos jugando a rol… Señor de los Anillos, Stormbringer, Rune Quest, AD&D, mundo de Tinieblas…. que tiempos….

  12. marinascarlet dice:

    Muy bueno, sí señor. Me ha gustado mucho,

  13. piratanegro dice:

    En México nunca pasaría esto….casi nadie conoce el rol XD ….pero bueno con mas seriedad, no se que es peor….¿que nadie conozca de tus pasatiempos o que tengan mala fama?

  14. Jose Acuña Ipinza dice:

    A mi personalmente me aburre de sobremanera el balonpie profesional. Hace años jugaba con los amigos de (en ese entonces) mi pueblo, la mayoría con los cuales tenia una que otra partida rolera. Pero ahora vivo lejisimo y tengo un problema en una pierna, entonces me cuesta correr. Eeen fin, aquí como parece que es la tónica en toda latinoamérica, la persona promedio no conoce el roleo. Tampoco se que es peor, si por acá no se conozcan estos, o que allá tengan una imagen negativa.

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