Un día en la vida de un Neoyorkino

UN DÍA CUALQUIERA EN LA VIDA DE UN NEOYORQUINO MARVEL

¿Nunca se han preguntado cómo debe ser un día cotidiano en la vida de esa gente que en el Universo Marvel lo único a lo que aspiran es a ser rehenes de supervillanos? Averígüénlo en este artículo

4 julio:
Hoy he tenido un día de mierda, para empezar, me desperté dos horas antes, sobresaltado, creyendo que era medio día y que iba a llegar tarde al trabajo, el sol lucía como si fueran las cuatro de un agosto a las cuatro. Pero cuando miré por la ventana, descubrí que sólo se trataba de la Antorcha Humana luchando con Estela Plateada y empleando la nova…

No pude recuperar el sueño, así que decidí despejarme con una ducha, ver la tele y desayunar tranquilamente. Pero eso resultó imposible, el agua salía fría porque los del gas todavía no habían reparado la avería que ocasionaron Spiderman y Electro en su última pelea, en la cual, dicho sea de paso, se cargaron la tienda de enfrente, por lo que tampoco puedo desayunar gran cosa. Finalmente, encendí la tele. Pero tuve que apagarla, el Doctor Doom había interferido todos los canales de televisión para soltar un ultimátum. Esto ya es el colmo, ¿Por qué nunca interrumpe las retransmisiones deportivas o los talk-show? No, él tiene que interrumpir la película matinal de Billy Wilder. Y lo que menos me explico es por qué le conceden inmunidad diplomática cuando cada dos por tres está intentando conquistar el mundo, por menos motivos Estados Unidos ha bombardeado más países, si no, que le pregunten a Sadam.

Antes de coger el coche, me acerqué a un burger para desayunar, un poco de comida basura no le hace mal a nadie. Pedí un especial de la casa y cuando la camarera me iba a traer la bandeja, un centinela rompió el techo y disparó un rayo hacia la muchacha, no obstante, los recortes presupuestarios del gobierno beneficiaron a la chica porque falló el disparo y lo único que hizo fue reducir a cenizas la mesa en la que me encontraba, un tipo con unas horribles gafas de sol fulminó al robot con un rayo que había lanzado por los ojos mientras otro, vestido de tejano y con un peinado del que ningún peluquero afirmaría en público haber cometido, había cogido a la muchacha por la cintura mientras le decía “Tranquila nena, estás a salvo” ella le respondió acertadamente “lo lamento caballero, pero en este establecimiento no se permite fumar” de repente, un avión negro apareció por el boquete que había abierto el centinela y se llevaron a la camarera. Yo me quedé sin desayuno y además, no me devolvieron el dinero. Tramité la consecuente reclamación.

El coche se había llenado de polvo por la pelea, tuve que llevarlo a lavar. Cuando por fin salió limpito de la gasolinera, un Mercedes aparcó junto a mí y una furgoneta negra que le perseguía comenzó a dispararle. Agujerearon el maletero. No me quejé a esa gente porque con tanta bala por medio, uno nunca sabe; además, el de la furgoneta tenía una bandera pirata como camiseta, así que preferí alejarme vaya que me secuestrase o algo.

Ya en la carretera, hubo un atasco, Thor y Jugernaut estaban peleando unos metros más arriba. Perfecto, ahora a ver cómo coño le iba a explicar eso a mi jefe. Pregunté a un policía que estaba cerca si podía dar un rodeo por la sexta, él me respondió que era imposible porque también había retenciones dado que Iron Man se estaba enfrentando al Rino. Thor golpeó al Jugernaut contra un edificio. Como es natural, éste se derrumbó. No obstante, el policía me dijo que lo iban a demoler pronto, por lo que unos cuantos jornaleros se quedarán en el paro gracias a un puñetazo de un dios vikingo.

La calle se llenó de polvo y yo perdí toda la visibilidad, cuando subí las ventanillas, me di cuenta de que alguien estaba cogiendo mi coche, así que bajé de un salto, instintivamente, mientras veía cómo el Jugernaut lo lanzaba contra Thor y éste lo partía por la mitad de un martillazo. Mi coche, mi querido coche, el lugar donde perdí mi virginidad. Regalo de mi padre. Se convirtió en un amasijo de piezas destruidas. En ese momento me di cuenta de que iba a llegar tarde al trabajo porque tendría que ir andando.

Dios bendiga a mi jefe que fue muy comprensivo conmigo, tomó una actitud paternal y me dijo que en sus tiempos esto no era así, por aquel entonces, las peleas eran más discretas. Le pedí permiso para llamar al seguro y el me respondió que no tenía que pedir permiso alguno, que ahí estaba el teléfono.

Los del seguro no fueron tan comprensivos:

-No, no tengo los papeles del coche, estaban en el coche. Pero sí recuerdo que firmé la cláusula de protección para cuestiones superheroicas. Claro que eran superhéroes y supervillanos, ningún chorizo rompe un coche así de un martillazo. ¿Qué? Sí, era Thorel que lo destrozó. ¿Cómo que Thor no cuenta como superhéroe? ¿que un dios no es un superhéroe? ¿que reclame a sus creyentes y que su iglesia correrá con los gastos? Señorita, sus creyentes murieron hace ocho siglos. ¿Señorita? ¿Oiga? Me cago en sus…

-Disculpe, vengo por mi pedido –me interrumpió un cliente fijo, Peter Parker, todos los días compra varios kilos de una serie de productos rarísimos y los gastará no sé cómo, porque siempre viene por más. ¿Qué demonios hará con esas cosas? Creía que era fotógrafo. En fin, yo soy un mandado, mientras pague, de hecho, si no fuera por él, cerraríamos la tienda. No pagó. Empezó a dolerle la cabeza y se marchó corriendo y juraría que se estaba desnudando, este hombre tiene unas alternativas muy raras a las aspirinas, con lo discreta que es su tía. Aunque el jefe me dijo que una vez tuvo como novio a un pulpo, en fin, eso lo considero algo privado…

Otro cliente me pidió abrillantador para superficies metálicas, yo le señalé dónde había varios muy baratos. Él me dijo que si los tenía fabricados en América y no en un país del Tercer Mundo, que aquello le parecía un tanto inmoral. Le dije que sí, pero que serían más caro. No le dio importancia. Me compró diez unidades mientras que me largaba un discurso sobre la tradición antiesclavista de los Estados Unidos y que se había perdido por una postura capitalista que condicionaba la libertad de los niños de otros países y que no debería apoyarla, etcétera, etcétera… Le respondí que el que se encarga de eso era mi jefe mientras le señalaba su despacho. Él se fue allá y estuvo tres cuartos de hora hablando sobre lo mismo. Al cerrar la tienda, el jefe me dijo, con dolor de cabeza, que dejaríamos de comprar productos de marcas que se aprovechasen de la esclavitud y todo eso… Joder, qué tío más moralista, creo que se ha equivocado de época.

De vuelta a mi casa, cogí un taxi, el taxista no me dio ni la más mínima conversación, sólo se presentó dijo que se llamaba Bruce Bancroft o algo así. No conocía la ciudad, por lo que nos perdimos. De repente, una araña gigante y metálica nos atacó, lo conducía una mujer a la que el taxista conocía:

-¡Betty!

-No, soy el Líder, no llegaste a matarme, gracias a mi poder de influencia mental, conseguí perpetuarme conectando con afectados gamma, como el caso de Omnibus y ahora de tu difunta esposa, envenenada por la radiación.

El taxista creció tres metros, se volvió verde y destrozó el taxi. Yo decidí largarme y así ahorrarme la carrera. Llegué a mi casa y todavía estoy intentando dormir porque el desgraciado de Galactus no sabe amenazar con devorar el planeta en voz baja. Muchos tenemos que madrugar mañana…

Artículo publicado en The Dreamers por termita dorada el 4 de Julio de 2003

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